¿Por qué es importante gastar todo lo que se pueda?

Quién no es capaz de hacer un POTLATCH, no devendrá protagonista de nada, tampoco tendrá prestigio, ni hará brillar su nombre. Tener capacidad de dar, de hacer circular. Para poder recibir, se debe antes poder desprender de algo.”

Anoche me preguntaron por qué no militaba en política. Se suponía que estábamos en un cumpleaños y tomando a un ritmo agradable. También se supone que en ámbitos festivos la política puede no ser un tema interesante. Y también se supone que un intendente de la dictadura no debe tener la mínima chance de presentarse o incluso ganar una elección. Suponer me rompe soberanamente las pelotas.

Recuerdo una vez haber hablado de política en un bar. Un acto suicida. En los “festejos” de finales del 2001, con la hélice de Fernando dando vueltas en mi cabeza, una chica se me acercó a la barra mientras balbuceaba el nombre de una cerveza. “Mis amigas me dejaron sola”. Ese centro tenía la pegada de Riquelme. “Hacelo nene”, me hubiese gritado un relator. Tardé un poco en contestar. Por mi cabeza viajaban palabras que querían transformarse en frase. Cuando lo hacían, no sabía si eran un buen cabezazo o la estaba por mandar a la tribuna. “Como al Radicalismo cada vez que está en problemas”, le contesté. Qué solo me volví ese primero de enero del 2002.

Anoche dije que no milito en política, en su forma más tradicional, pero que sí lo hacía desde la palabra. Escribiendo. Aun si del otro lado no hay lectores. Es verdad que ahí hay una falta grave: no estoy poniendo el cuerpo en juego. No ocupo espacios que generen acciones. Sólo cuento caracteres (con y sin espacio). En una sola puedo coincidir: doy al otro parte de mí tiempo sin esperar nada a cambio. Ahí hay una pérdida, pero positiva y no en términos utilitarios.

Estoy empeorando. Las introducciones de mis notas son cada vez más largas. Quería hablar del POTLATCH, una ceremonia que se practicaba en pueblos indígenas del noroeste de América del Norte. ¿De qué se trataba? De un desafío. Las riquezas de uno se destruían con el objetivo de humillar, desafiar y obligar a un rival. Este rival, para evitar la humillación y aceptar el desafío, cumplía con la obligación respondiendo más tarde con destrucciones más espectaculares de riqueza. El potlatch era, entonces, una concepción positiva de la pérdida.

Desde allí, George Bataille partió para describir cómo se percibe el gasto en la sociedad actual. El placer, ya sea arte, vicios o juego, queda reducido a un mero descanso o distracción. Y la mayor parte del tiempo nos concentramos en la condición (penosa) de la actividad social productiva. Si alguien nos viera derrochar o destruir sin sentido, nos creería enfermo. Intentarían explicar utilitariamente nuestra conducta sin pensar que una sociedad puede estar interesada en pérdidas considerables que provoquen abatimientos, angustias o estados orgiásticos. Gastar de más siempre parece dar miedo…

Cuando se deja Tandil para venir a la “gran ciudad”, en primer lugar, los padres garantizan alojamiento en Palermo o Barrio Norte. No puede ser menos. Y en esta partida hacia una carrera universitaria, nuestros viejos (si tenemos suerte) logran cubrir el alojamiento, la ropa, la alimentación y pequeñas diversiones nocturnas. Pero en ese apoyo, no tienen en cuenta el gasto improductivo.

Manejamos el dinero de dos maneras. Primero un uso mínimo necesario para la conservación de la vida. Y recién después, para los llamados gastos improductivos: el lujo, los juegos, los espectáculos, las artes, la actividad sexual. Actividades que tienen un fin en sí mismas. El gasto tiene una función social. Pero en las sociedades actuales, la preocupación por la conservación da a la producción el sentido de todo y se impone sobre el gasto improductivo.

Hoy las fortunas no se ponen en juego en alguna mesa. Se convierten en relativamente estables, y con esa estabilidad asegurada, se dan unas pérdidas que no la ponen en peligro. Son simulacros que se convierten en la razón principal de vivir, trabajar y sufrir para todos aquellos que no tienen coraje para someter su desmesurada riqueza a una destrucción revolucionaria (apenas colaboran en Fundaciones o acciones solidarias). La exhibición de riquezas se hace ahora en privado, en una actitud casi deprimente. Frente a esto, gastemos todo para dar a los ricos la imagen de su existencia vergonzosa!

Y así, entonces, creo que explico porque pierdo mi tiempo escribiendo.

Publicado en CosadeSerranos.com.ar

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