15) Quiero que me quieran como quiero yo

Sentí por primera vez que él estaba más debilitado que yo. En una condición inferior, siendo esta una idea basada en la constante sensación de que todo es muy trágico para mí.

– Vos siempre tenés algún dilema. Eso está bueno…

Llegué y apenas podía mirarme. Sigue con conjuntivitis. Virósica. Realmente la está pasando mal y parece que va a continuar así por 40 días. Su leve incapacidad parece tener una ventaja: no creo que tenga posibilidades de “cabecear”. En ciertas charlas, donde varios nos animamos a contar lo que sucede en nuestro espacio de terapia, hay datos que están mal vistos. Para mí, sólo confirma que el psicólogo es un ser humano como cualquier otro y por ende, puede hacer lo que se le antoje. Confío en él. Y si pareciera que se está por dormir, es señal de que tengo que ir para otro lado en mi discurso. Si almuerza, es porque tiene hambre. Si toma mate, es porque quiere llenarse con una infusión. Si atiende un llamado, es porque alguien acude en su emergencia (yo lo he hecho y no quisiera que me responda: “ahora no puedo”). Si se para, bueno, ahí si que no sé por qué se para…Pero no por eso debemos escandalizarnos por una imagen que da la sensación de que no está haciendo nada.

“Soy un hombre débil”. Esa es la remera que ya mandé a confeccionar. Es una buena instancia a la cual ambos creemos como muy importante haber llegado. Con descubrir que uno es mortal. Que está habilitado a equivocarse. A decir que “no”. Esto no parece nada sorprendente, pero en mi caso sí lo es. A lo largo de todos estos años, cualquier contacto con un otro queda atrapado bajo la lógica: necesito que me quieran.

Yo no soy un hombre desgraciado. Tengo dos padres interesantes, en cuanto a su neurosis, pero cariñosos. Es difícil comprender cuan abandonado he sido, pero esto no es algo ligado al amor. Es decir, no es que no había amor, creo que no lo recibí como debía. En esa lógica, hay algo tremendamente perverso y doloroso. En cualquier actividad, no puedo fallar. Porque dejarían de quererme. Y no me lo puedo permitir. En el fondo, son mis viejos los que van a dejar de quererme. En esta idea, las responsabilidades y la exigencia se vuelve algo tortuoso. Y angustiante. Toda persona que me evalúa es para mi un candidato para la adopción. Continuamente busco que me adopten. Obvio que sin darme cuenta. Por eso es la terrible angustia que me provoca la exposición y el ser juzgado. Un mínimo de reconocimiento, está bien. Pero creo que yo me estoy yendo al carajo…

Así estamos.

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