22/11/63 (Stephen King)

Reseña de 22/11/63Stephen King.

Nunca he sido lo que se dice un hombre llorón.
Mi ex mujer alegó que el motivo principal de la separación era mi “inexistente gradiente emocional” (como si el tipo que conoció en las reuniones de alcohólicos Anónimos no hubiera influido). Christy dijo que suponía que podía perdonarme por no haber llorado en el funeral de su padre, solo le había conocido seis años y no podía entender lo maravilloso y generoso que había sido (como cuando, por ejemplo, le regaló un Mustang descapotable por su graduación). Pero luego, tampoco lloré en los funerales de mis propios padres…

Llegué a Stephen King (como si ésto fuese el descubrimiento de un joven narrador) después de su novela corta “El Cuerpo“, que aparece dentro del libro Las cuatro estaciones y la cual funcióno como punto de partida para realizar la película Cuenta Conmigo. Pero en el caso de Stephen King podríamos decir esto en repetidas ocasiones: sus libros adaptados a películas, cuyo máximo ícono lo vendría a representar El Resplandor (de Stanley Kubrick).

En primer lugar, la figura de King parece dividir las aguas en cierto debate intelectual sobre la condición de una obra y su “efecto” sobre la masa de lectores. Se habla de sus historias como Best Seller, acaso una condición que la vendría a imponer el mercado y su extraño funcionamiento de validación. Y sabemos bien, al menos para el mundo “progresista” de la literatura, que el Best Seller está mal visto porque es efectista, porque entiende las reglas del juego material y las juega a la perfección. Pero dos cosas: si fuera posible anticipar la recepción de una historia (como cualquier discurso) estaríamos ante un mundo ingenuo y pasivo; y por otro lado, lo que nos importa acá es la obra y no su vida posterior.

Dicho esto, sí me atrevo a definir que Stephen King es un excelente y extremadamente exquisito narrador. Lo que podemos definir como el fantástico cuenta historias. Supongo que la condición de escritor es previa a la de un narrador porque no todo escritor parece serlo. Y entiendo al narrador como una figura que está por encima de las búsquedas y exploraciones alrededor de la literatura; el narrador va por la historia perfecta, no da vueltas dentro del campo social del que forma parte. No explica lo que quiso decir, tira sus dardos.

En este sentido, y para hablar específicamente de 22/11/63, es increíblemente sabroso ver como todavía puede ser posible que una novela de más de 800 páginas pueda mantenernos en vilo, en tensión permanente, sin contar con las bondades técnicas del cine o los breves pero impactantes formatos de Internet. E incluso me arriesgo a decir que la última parte del libro no puede leerse en pausas, sino que habrá que comprar el boleto para descender al infierno de la historia en forma ininterrumpida. Y esto puede ser un peligro, al punto de querer adelantar las hojas para ver qué es lo que en realidad va a suceder.

King se mete con un tema que la cultura popular norteamericana nunca podrá cerrar, como es el asesinato de un presidente, de JFK. Un profesor de lengua y literatura encuentra una puerta al pasado, y en la curiosidad, comprende quizás que su mejor uso sea el de arreglar algo que podría haber cambiado el curso de la historia. Una pregunta interesante, y a la vez, tan inofensiva: ¿Si JFK hubiese vivido, el mundo sería lo mismo? La omnipotencia yankee nos cae con todo su peso, pero qué sé yo, por ahí un Ricardo Piglia podría emular la trama y ver qué sería de nuestro país si… no sé… el Potro Rodrigo viviese.

Lo siguiente es una historia eléctrica, con los condimentos necesarios que requieren y obligan los viajes al pasado, las preguntas que quedan en el aire, las dudas, la doble vida. King nos invita a formar parte de esa fantasía y todo lo que nosotros haríamos o nos preguntaríamos se vuelca allí como una permanente apertura de posibilidades. Y en el medio, la historia política de una de las tramas más comentadas de la historia y el circo de teorías conspirativas. Stephen King nos lleva al pasado pare respirarle en la nuca a Lee Harvey Oswald. ¿Actuó solo? Habrá que leerla. Un detalle final: King también se mete con el tiempo y su reflexión, porque cada viaje al pasado dura tan solo dos minutos, aún si en ese pasado hemos vivido más de dos años.

Finalmente, una cosa queda clara. Terminamos tan exhaustos por el desarrollo de la historia que probablemente no queramos leer nada más de Stephen King hasta que pase un buen tiempo. Su historia es abrumadora, no deja rincones sin luz ni nubes sin lluvia.

Algunos fragmentos del libro:

“Si alguna vez quisiste cambiar el mundo, ésta es tu oportunidad”.

Era enorme y yo estaba demasiado nervioso para tener hambre -conocer a la persona que cambiará la historia del mundo no es algo que pase todos los días-, pero me proporcionaba algo para picar mientras esperaba el aterrizaje del avión que transportaba a la familia Oswald“.

… les importaría a la mujer y a los hijos de Kennedy, les importaría a sus hermanos; quizás a Martin Luther King; casi seguro a las decenas de miles de jóvenes estadounidenses que en ese momento estudiaban en el instituto y a los que llamarían, si nada cambiaba el curso de la historia, a ponerse el uniforme, volar al otro lado del mundo, separar las nalgas y sentarse sobre el gran consolador verde que fue Vietnam“.

Esa noche, los Kennedy, los Johnson y los Connally cenaron en Houston, en un acto organizado por la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos. La cocina fue argentina: ensalada rusa y guiso“.   

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