Al final, Cesar Banana Pueyrredón tenía razón

Encontré a la madre de mis hijos” te dice tu mejor amigo después de haber pasado aproximadamente uno cuatro meses en la clandestinidad. “¿La chica que conociste en el boliche hace unos meses?”, preguntás sorprendido ante semejante declaración. Como notás que la respuesta que se viene es un “sí” contundente, te das cuenta que no es muy productivo hacerle recordar que se trata de la misma chica que antes de apretárselo a él, estaba coqueteando con el barman del lugar en busca de un trago gratis.

Todos -en  algún momento de nuestras vidas miserables- pasamos por la situación descripta. No aquella que refiere al enamoramiento precoz por una chica apenas conocida, sino ante aquella de “mi mejor amigo ahora sólo se ocupa de su pareja”. Debatido por los grandes filósofos del siglo XXI, “la amistad vs. el amor” se ha convertido en uno de los principales problemas sociales, incluso por encima del 7 de diciembre, la cotización del dólar y la incertidumbre acerca de la posible “chavización” de nuestro país.

Por esas cosas inexplicables, que muchos prefieren llamar los sentimientos humanos, hay momentos de la vida que nos van demostrando el paso del tiempo aunque uno prefiera no reconocerlo. Los psicólogos le llaman la “madurez”, pero sencillamente se trata de un grito que no encuentra su eco: “¡no me dejes solo!”. Y dentro de estos cambios, aparece el típico caso del amigo -salidor nocturno por excelencia-, que de la noche a la mañana decide pasar a la vida sin excesos.

Así, como por arte de magia, la dupla, la segunda, el pie, el amigo, la gamba, la media naranja, el hermano del alma, el compinche, te dice: “hoy no puedo, me quedo con mi novia viendo una peli”. Ese día comprobamos que el ataque de pánico no es más que una puñalada a nuestro corazón, que marca el inicio de un quiebre en la relación de amistad. Y un cambio rotundo en el comportamiento de quien hasta ese momento era nuestro mejor amigo.

A partir de allí, la historia más o menos se repite. Cada plan de salida es devuelto con una respuesta negativa. No hay mate por la tarde. No hay partidos de cinco minutos en la PlayStation antes de volver a nuestras casas. Chau partido de fútbol con amigos. Adiós a la excusa para ir a comer a lo de tus suegros.

La siguiente etapa, peor aún, pasa por el descubrimiento de que gran parte del cambio de actitud es producto de la topadora y demandante pareja de tu ahora ex amigo. A través de encuentros esporádicos, comenzás a percibir sus demandas que la exhiben como la que tiene los pantalones puestos. El paso del tiempo va borrando la culpa y ahora él ni siquiera busca mentiras piadosas. Directamente no tiene problemas en decir la verdad. Los mails o los sms empiezan a ser devueltos con excusas reiteradas: “Te aviso, estaría muy bueno. Sólo tengo que solucionar una cosa: ¿qué hago con mi novia?”; “Jajaja perdón, no puedo ir. Para contar conmigo me tienen que avisar 10 días antes…”; “Uh ese día no puedo, tenemos cena de parejas. Difícil la vida de casado, ¡je!”.

Todo comienza a reducirse. Las esperanzas de recuperar al alma festiva del grupo, al hombre que iniciaba los trencitos en los boliches, van disminuyendo. Deviene la resignación y el hecho de que él se haya ido a vivir con ella, con tan sólo cinco meses de relación, te confirma la desazón. Intentás recurrir a sus viejas debilidades: el póker, el fernet, el burako, la dejadita, el casino, pero todas las invitaciones reciben la misma respuesta: “no puedo, mi novia no tiene amigas y no se quiere quedar sola”.

El resto, es historia conocida. De repente, tu ex amigo va caminando y al cruzar por la esquina casi lo atropella un auto. Ahí comprende el sentido de la vida y cómo ésta se le está pasando por delante de los ojos. Retoma la joda, pero sin abandonar a su pareja y llega a la conclusión de que es posible compatibilizar ambas cosas. Aunque ella no lo apruebe, aunque tenga que ocultárselo o aunque tenga que pasar a jugar para el equipo de los “casados” contra “solteros”.

Aclaración: Es posible que con mucho menos que un susto, un amigo comprenda el sentido de la vida. Por ejemplo, reviviendo el gol de Palermo contra Grecia en el Mundial del 2010.

Publicado en LaTandilura.com.ar

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