Cuantos más seamos, mejor

Me levanté temprano. Miré el celular y faltaban dos horas para que hubiese sonado “Volare” de Gipsy Kings, melodía que logra levantarme la mayoría de las mañanas. ¿Qué paso? Nada. Los días que olvido cerrar la puerta del baño una luz entra desde temprano, acompañada por el ritmo musical de los albañiles que trabajan en el edificio de al lado.
Estas situaciones, por lo menos en mi caso, despiertan alguna que otra pregunta filosófica. La primera fue: “¿para qué me levanté?” La segunda, mucho más productiva, resultó: “¿cómo reclaman las personas?”

Hace exactamente un año, 40.000 personas le daban la bienvenida a la torre de Tandil, en una caravana de emoción que festejaba la caída del imperio tenístico de Federer. Hoy, de esos 40.000 que salieron a las calles, 20.000 ha publicado algún comentario en la web acerca del fracaso de Juan Martín post Us Open.

No hace mucho, recuerdo, eran solo cientos los que marchaban por el centro de la ciudad con banderas cuya consigna rechazaba la destrucción de las sierras tandilenses. Marchaban, ante la atenta mirada de muchos que preferían el tostado en la esquina del “Golden”.

Ayer, miles de testimonios se alzaban contra el Gobierno en defensa de una empresa proveedora de Internet (Fibertel).

Hoy, los estudiantes porteños se unen para reclamar mejoras edilicias en los establecimientos educativos.

En fin, los ejemplos de protesta abundan, como abundan en Tandil las casas de venta de celulares. Lo interesante es pensar la construcción discursiva que se realiza en torno al reclamo. Reclamar es una actividad que desnuda la esencia de las personas. No por lo genuino del reclamo, sino por la hipocresía del análisis. Muchas veces se ha dicho: “reclaman cuando les tocan el bolsillo”. Tan cierta es que aun no ha podido ser refutada, como tampoco lo fue “billetera mata galán”. Basta con salir un fin de semana para comprobarlo…

Los conceptos que identifican a los involucrados en una protesta, cambian. Usuarios, pueblo, consumidores, fans, estudiantes, trabajadores, piqueteros, el campo, vecinos, ciudadanos. Cada uno de ellos encierra un tipo ideal de persona que construimos en nuestro interior. Para algunos, el reclamo del “campo” fue más válido que el de los “piqueteros” por el sólo hechos de que a los primeros se los considera “trabajadores” y a los segundos “vagos”. La forma de reclamar también cambia: rutas, calles, Facebook. Cualquier espacio, físico o virtual, parece válido para la manifestación. En esta lógica está planteado el juego, un juego perverso que beneficia a ese 1% que maneja el funcionamiento del mundo (“divide y reinarás”). ¿Apocalíptico? Generalmente… Por lo pronto, los espero en el Calvario para una caminata silenciosa hasta el centro de la ciudad. ¿El reclamo? Ah, sí. Escrachar a Kraft que parece haber reducido el tamaño de los chips de chocolates en sus “Pepitos” para ahorrar costos.

Si tenés fiaca, enviá: “Pepitos eran las de antes” al 22922 y apoyá el reclamo.

Publicado en CosadeSerranos.com.ar

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