El hermestismo respecto del culo

Dejarse meter el dedo en el orto no es algo de lo que uno parezca estar orgulloso. Más bien, esta práctica está dentro de las que se consideran como “privadas” y de ahí que exista un hermetismo al respecto. Pero la cuestión resulta más profunda -según el tamaño del dedo- dado que ciertas prácticas privadas a veces logran colarse en alguna reunión con amigos. Sin embargo, la visita al proctólogo no es un evento que a la mayoría de los sexagenarios les guste desarrollar. En este sentido, son pocos los que, ante el avance de las nuevas tecnologías, van largando detalles sin darse cuenta que comparten una red (Facebook) en la que todos podemos leer: “Hoy, el juez de línea levantó la bandera y quedé en off-side, jeje.

 Hay relaciones que son escandalosas. No hablamos de esas que ya son más comunes, como acostarse con el jefa/jefe con tal de obtener un rédito profesional. No. Hablamos de la relación que cada uno tiene con su culo. Una relación donde no hay diálogos porque ni siquiera se deja la puerta abierta de la duda. Por esa razón, todos construyen con su culo una relación distante. Sabemos que está ahí pero nos hacemos los boludos. Algo así como la relación que tenemos con esa prima lejana con la cual no hay contacto pero que en el fondo todos se la quieren voltear. ¿Por qué sucede esto? Porque queremos evitar que el culo nos robe el protagonismo. No vaya a ser cosa que acapare toda la atención. Es, básicamente, un conflicto de egos. (Aclaración: los ejemplos pueden parecer un tanto confusos pero así son las relaciones que no se basan en la honestidad y el compromiso).

 La reflexión viene a colación de la anécdota de un amigo, a quien por razones obvias, no mencionaremos. En una de sus últimas visitas al psicólogo -a quien acude los martes a pesar de que a su mamá le dice que va los viernes- llegaron a una conclusión novedosa, tan novedosa que no parece haber registros del descubrimiento ni siquiera en los libros de Stamateas.

 – Vos sabés que no puedo entender por qué el Racing de Simeone termina yendo para atrás en vez de liquidar los partidos.

– Ajá -dijo el psicólogo-. ¿Y qué sería ir para atrás?

– Mete un gol pero le da miedo ir por más.

– No te parece que lo que no querés ver es que estás sufriendo de “vértigo en la cola”…

 Así es la psicología. Extraña, pero no por eso menos cierta. Mi amigo, durante muchos años, había creído que su problema era la imposibilidad de estar solo. Sin embargo, en su última sesión, descubrió que le estaba dando la espalda a su verdadero problema.

 ¿En qué consiste el vértigo de cola, según los profesionales de la Universidad de Columbia? Parece ser que, después de mucho tiempo, los hombres van reprimiendo su relación con el bidet, acaso uno de los objetos menos mencionados en las charlas con amigos. La cuestión de no dejar salir lo que parece ser un trauma, vuelve a los años como un vértigo donde la cola exige una visita por día -como mínimo- al bidet. Los norteamericanos están preocupados porque no pueden perpetuar una estrategia de marketing que les permita introducir algún nuevo médicamento, como ya sí lo hicieron ante los ataques de pánico y los ansiolíticos.

 Este conflicto nos lleva a enfrentarnos a lo que somos, una experiencia estremecedora. La manera como vivimos nuestra relación con el bidet es una de las claves del mundo actual, a pesar de que muchos quieran hacernos creer que las claves son la vuelta al keynesianismo y la posibilidad de una revolución socialista en la cómoda Wall Street. La manifestación del vértigo de cola debe ser celebrada, ya que a través del él conoceremos aun más los sufrimientos de nuestra infancia. Pero claro, estamos en presencia de una epidemia que no logra colarse en las grandes columnas de opinión de los medios dado que “Argentina es un país futbolero y nadie quiere ni pensar que una defensa pueda ir para atrás”.

 El bidet representa el límite. Como la ley en la cultura. Parecer ser que aun no estamos preparados para ver una “concha” en televisión, por lo que mucho menos lo estaremos para asumir esta práctica como propia. La veda electoral puede ser una oportunidad dado que es un momento donde todos se mandan a cagar.

 El acercamiento al bidet está marcado por la timidez. Aun no se sabe qué provoca más temor, si encarar una chica o sentarse con el culo al aire sin poder controlar la exactitud de la potencia del chorro. Guiados por ese amigo que ya lo usa hace años, probamos qué tal nos queda el culo con una buena pasada por el bidet. Y resulta que hay menos dudas que en el caso Candela: un culo sin bidet no es lo mismo que un culo después del bidet.

El bidet elegido importa. Es como la mujer que elige a alguien importante para su primera vez. No da lo mismo con cualquiera, por eso muchos intentan encontrarse con un “Ferrum” o un “Watersense”. El chorro tipo lluvia se prefiere por ese chorro contundente, uniforme, que nos resulta un tanto violento. El primero nos garantiza una caricia. Y quemarse es una cuestión que demuestra la inexperiencia en el uso. En fin, entrar en detalles sería generar una nota que bordearía lo obsceno y podría parecernos hasta pornográfica. Lo recomendable en estas situaciones es: cambiar de psicólogo o hacernos cargo de que higienizarnos el culo es, a veces, una excusa secundaria.

 Claves:

– Romper conla censura. Comencemospor dejar la puerta del baño abierta durante todo el día.

– Evitar hacernos los boludos. Tocar el tema, aunque sea por los bordes.

– Desechar la idea de un segundo inodoro, aun para todos aquellos que disfrutan de cagar y mear el mismo tiempo.

– Convencerse de que el uso del bidet habla de un hombre maduro que puede hacerse cargo de sus propias inquietudes: “¿Se me pondrá la cola goloza?”.

– Si bien hay casos donde el bidet se volvió un vicio, reconocer que el coqueteo con el agua es algo tremendamente efectivo.

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