El hombre pragmático

El hombre era un pragmático. De esos que se mencionan en una reunión de angustiados que se juntan para darle una respuesta a la muerte: “Mejor ser como coso que no se preocupa por nada”. Una mirada que se sustenta en la idealización popular de que los idiotas son más felices, hasta que vieron a un tipo parar un colectivo en la calle sin subirse  la vereda. “Pero qué idiota”, había titulado al día siguiente el diario local comunicando su deceso.El hombre mencionado se había vuelto más pragmático aun luego de haber tomado contacto con una frase de Grobocopatel que lo cambió para toda la vida: “los pequeños y medianos productores se han limitado a sembrar el mundo. Y de lo que se trata es de cosecharlo”.

Este hombre comenzó a llamar la atención de ciertos periodistas que añoran las viejas crónicas narrativas. Los datos hablaban de un crecimiento demencial de su patrimonio que no podía encontrar sustento ni explicación en alguna actividad comercial, ni siquiera en aquellas que solamente se animan a avalar los más liberalistas, como es el negocio de la intermediación que deja un 20% de comisión.

Su olfato para la oportunidad lo llevó a comprender la lógica efímera de la política, abandonando su causa demócrata cristiana por la restauración de las prácticas naturales en la unión matrimonial, para aferrarse al “si se puede” y al “hacete cargo boludo”. Así vino su primer gran golpe bajo el aumento de su simpatía por la causa nacional y popular. Gracias a un periodista arrepentido devenido en militante, obraba en su poder el logo de Clarín en alta, única versión capaz de usarse para imprenta. Sumó la palabra “miente” con tipografía Calibrí y cobró por “servicios de diseño y publicidad” (como detallaba su factura de monotributista) una fortuna que lo empezó a catapultar a la categoría de “zar del diseño”.

Su segundo gran acierto vino de la mano de lo que se conoce como sellos de goma. En una época donde había cierta sensación de mala comunicación en el Gobierno, elaboró un sello único con la tinta irreproducible de los dólares que decía “consumo con subsidio del Estado Nacional”, el cual aplicó a las millones de facturas que imprimían desde las empresas de servicios públicos. Con dos éxitos sobre sus espaldas, lo que vino fue más de lo mismo.

Su cintura le permitía estar de un lado y del otro con muchos menos cuestionamientos que Jorge Lanata. Imprimió las boletas de inscripción de una“corrida por el dólar”, la maratón a beneficio organizada por el Grupo Clarín; ganó el concurso “diseñá una pasión” de la empresaIveco con su obra llamada “Todos tenemos un Tinelli dentro”; y rediseñó fascículos para el diario La Nación sobre los dinosaurios y las causas de su desaparición, entre las cuales estaría un explicación desconcertante sobre lapsicología de estos animales. Lo titularon: “La bipolaridad lleva a la extinción de una comunidad”.

Él se llamaba Claudio María y era un hombre pragmático. Muy pragmático. Tanto que había decidido quitarse el apellido porque no le veía ningún sentido práctico más que fomentar la impresión de documentos de identidad.

Publicado en La Tandilura.com.ar

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