El Indio Solari vs. la Creamfield

Me costó mucho pensar el título, de ahí radica su pobreza. Cuando pienso demasiado y no hay puro impulso, vienen las peores ideas. El día sábado 13 de noviembre dos espectáculos musicales tuvieron matices diferentes. Esta es una nota para generar polémica entre los amantes del Indio y los fanáticos de la electrónica.

Quizás la enseñanza más dura que uno deba asumir es el dolor de una pérdida. Desprenderse de aquello que durante tanto tiempo significó una identificación. Una parte constitutiva de nuestra identidad. Y no se trata solamente de un familiar, sino de aquellas cosas en las que uno creyó. La separación de una banda de música puede, para algunos, significar un quiebre. Un dolor que rápidamente debe llenarse con otra cosa. Por suerte para muchos, a veces la voz de esa banda queda inmortalizada y continúa deambulando por los espacios, esta vez, sin sus acompañantes de siempre. Tal es el caso del Indio Solari.

Este fin de semana nuestra ciudad fue escenario de uno de los espectáculos populares más importante de los últimos años. Esa importancia crecerá aun más cuando la voz del Indio se apague y los años pasen. Se volverá inmortal. Nunca pensé que nuestra ciudad, cuna de conservadores, iría a dar espacio a la confluencia de miles de fanáticos, esos que los medios catalogan como “vagos a los que no les importa nada” porque no entienden a la cultura popular. La ciudad duplicó su población por un recital de música. Creo que no nos hemos detenido a pensar en esa cuestión.

Sin embargo, también pensé en aquellos que se fueron. Que viajaron, quizás en coches, para disfrutar de un espectáculo totalmente diferente. En Capital Federal, el mismo día y a la misma hora, la mitad del público ricotero (45.000 personas) saltaba al compás de la música electrónica. La Creamfields. Y como desde mi punto de vista muchas veces sigo asociando la cultura a la política, tengo ganas de decir que la Creamfields es la continuación de la fiesta menemista. Y me alegro que no se haya producido en nuestra ciudad.

Detengámonos a comparar ambos eventos.

En el recital del Indio, el pogo fue acompañado por el canto de los fanáticos, quienes mientras saltaban deliraban al grito de: “No lo soñé…eeeee!…ibas corriendo a la deriva”. En la Creamfields, el pogo, o mejor dicho, el saltito con el cuerpo adormecido y los ojos delirantes, fue acompañado por el amor hacia el hombre que cambia los CD´s: “Es David Gueta oh oh, Es David Guetta oh oh”. La letra de una canción es importante…

El pogo del indio implicó el roce de cuerpos populares que se entremezclan, golpean, se miran, se agitan, y allí, dos desconocidos pueden volverse amigos. Un pogo social. En la Creamfields, el pogo es un pogo individualista, como pide el neoliberalismo. Un cuerpo que se mueve de aquí para allá, que no mira a los ojos porque tiene lentes oscuros. Que está en un limbo, pero solitario.

En el recital realizado en el Hipódromo, la incitación al pogo tiene un significado nacionalista, sin pasarnos al límite del fanatismo: “El que no salta es un inglés, el que no salta en un inglés”. Hay un sentido de pertenencia e identificación y todos los que están ahí viven un amor idílico. Como los hippies. En el recital realizado en el Autódromo, la invitación a saltar implica la negación del otro. Su menosprecio. Un insulto dirigido a quien está a mi lado: “Salten putos oh, salten putos oh”.

En el pogo más grande del universo, el refresco para tanto calor y adrenalina suele ser el fernet o la cerveza. En el pogo más despersonalizado del universo, el refresco es una botellita de agua mineral que no se comparte.

En el recital del Indio, una fanática que desea mostrar su amor al cantante, puede ser capaz de mostrar su par de tetas (en general, en muy buen estado y totalmente naturales). En la Creamfields, uno ve tetas por todos lados, pero no son naturales. Y en muchos casos, ni siquiera existen, son solamente proyecciones de nuestra mente.

En el recital del Indio, la idea es mirar al de al lado y llegado el estribillo, unir esa mirada en una llama llena de potencia, preparar los brazo y esperar el salto cuando llega: “oh oh, vamos la bandas, oh oh, rajen del cielo oh oh, vamos las bandas”.En la Creamfields, la idea es perderse en la multitud, desconectarse de quien está a tu lado, estar a oscuras, cerrar los ojos, mover la cabeza, saltar al ritmo del golpe de un martillo.

Para ir a ver al Indio, tu papá te explica qué significaron los Redonditos de Ricota para toda una generación de adolescentes. Para ir a la Creamfields, vos le explicás a tu papá que hay un tipo que mezcla un par de voces y sonido y la rompe. Al no creerte, le retrucás: “¡Es Dj Tiesto, papá!”.

Dos recitales. Dos experiencias. Una no anula a la otra, sin embargo, pueden significar dos cosas distintas. Eso sí, un poquito de marcha nunca viene mal.

Publicado en Cosa de Serranos.com.ar 

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