El mito de la caverna

Preguntarse, cuestionarse, frenar y mirar lo que se está haciendo, bajarla de pecho y definir cruzado. No es el camino que algunos eligen porque prefieren uno más rápido, efectista, para estar socialmente bien acomodado. Entiéndase por acomodo, no una cuestión económica, sino una comodidad psíquica, menos problemática, exenta del llanto sin razón. ¿Cómo conoce el hombre? Esta pregunta, suponemos, se reitera en la conciencia de los productores de televisión cuando se van a dormir…Me atraen este tipo de preguntas. Y también aquellas como: ¿por qué la Corona te la dan con limón, aun sin haberlo pedido?

Vamos a un ejemplo. Ver televisión es algo más que ver televisión. Acá todos decimos “¡Wow!”. Bueno, no es sólo placer/distracción. No es sólo descanso. Hay otras cosas funcionando allí. Y más con los actuales medios de comunicación. En otra nota pedí guardar la frase: el mapa nunca es el territorio. Es decir, la realidad siempre es una construcción y nunca es la realidad misma (no es que la inseguridad no existe, pero ésta se construye mediáticamente). “Vivimos en una sociedad del espectáculo (Guy Debord) en la que los medios estructuran de antemano nuestra percepción de la realidad y hacen la realidad indistinguible de su imagen “estetizada” (o construida), dice Zizek. Esta idea merece una mayor extensión para poder se pensada, aquel que lo deseé profundizará a su piacere.

Bien. Tenemos el Mito de la Caverna de Platón que es una metáfora en forma de diálogo de cómo el hombre conoce. Acá pueden leer la versión original. A continuación yo les planteo un juego donde hice algunas reformulaciones que grafican un poco la idea de lo que quiero decir: (es extenso, pero vale la pena)

– Compara el tratamiento que los medios dieron al proyecto de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, con respecto a la configuración actual del poder, su naturaleza y su efecto en la sociedad.

– ¡Extraño cuadro y extraño cautivos!

– Semejantes a nosotros. ¿Crees tú que en esa situación puedan ver, de sí mismos y de los que están a su lado, alguna otra cosa fuera de las sombras que proyectan los noticieros, al resplandor del Grupo, sobre la caja boba expuesta a sus miradas?

– ¿Cómo? Si durante toda su vida han sido obligados a tener inmóviles las cabezas.

– Y en cuanto a las verdades que transmiten quienes caminan por la calle proyectando esas noticias, ¿podrán conocer otra cosa que no sea lo que ellos dicen?

– ¿Qué más pueden ver?

– Y si la mayoría recibe la misma información desde todos los lugares, ¿no juzgáis que considerarían reales esas noticias que ven?

– Forzosamente.

– ¿Y qué pensarían si en el interior de sus casas hubiera un eco que repitiera las palabras que oyen de los canales? ¿Creerían oír otra cosa que la voz de los noticieros que desfila ante sus ojos?

– ¡No, por Zeus!

– Entonces no hay dudas de que no tendrán por verdadera otra cosa que no sean las voces e informaciones que esos canales fabrican. Y suponiendo que allí hubiese honores, alabanzas y recompensas establecidas para premiar a quien creyera con mayor firmeza las noticias y recordara mejor cuáles pasaron primeras o últimas, o cuáles tienen mayor o menor color amarillo, y que por ello fuese señalado como el más capaz para predecir que es lo que da un punto de rating más…Considera lo que naturalmente sucedería ahora si se los librara de sus cadenas, a la vez que se los curara de su ignorancia.

– Si a uno de esos cautivos se lo libra de sus cadenas y se lo obliga a ponerse súbitamente de pie, a volver la cabeza, a caminar, a mirar la luz, todos esos movimientos le causarán dolor, y el deslumbramiento le impedirá distinguir la realidad queriendo volver al estado anterior.

– ¿Qué habría de responder, entonces, si se le dijese que momentos antes sólo veía vagas distorsiones y que ahora, más cerca de lo real y vuelta la mirada hacia la comunidad, goza de una visión verdadera? Supongamos, también, que al señalarle cada una de las noticias que pasaban se le obligara, a fuerza de preguntas, a responder qué eran. ¿No piensas que quedaría perplejo y que aquello que antes veía habría de parecerle más verdadero que lo que ahora se le revela?

– Mucho más verdadero. Y en caso de que se lo arrancara por fuerza de la caverna de su casa, haciéndolo subir por el áspero y escarpado sendero y no se lo soltara hasta sacarlo a la luz del Sol, ¿no crees que lanzará quejas, pedidos de mayor seguridad y gritos desesperación ante lo desconocido? ¿Podrán sus ojos distinguir a Ricardo Alfonsín de Raúl Alfonsín?

– Al principio, al menos, no podrá distinguirlos.

– Si no me engaño, necesitará acostumbrarse para ver que existen otras cosas.

– Sin duda.

– Después de lo cual, reflexionando, llegará a la conclusión de que estuvo gobernado, en su mundo visible, por lo que le contaban los canales y repetían sus vecinos.

– Si recordara entonces su antigua vida y el “saber” que allí se tiene, y pensara en sus compañeros de esclavitud, ¿no crees que se sentiría dichoso con el cambio y se compadecería de ellos?

– Seguramente.

– Y ahora considera lo siguiente. Supongamos que ese hombre desciende de nuevo a la caverna porque ha vuelto Gran Hermano y va a sentarse en su antiguo lugar, ¿no quedarán sus ojos como cegados por la conducción de Rial?

– Desde luego.

– Y si cuando su vista se halle todavía nublada y tuviera que competir mediante argumentos con los que continúan encadenados hablando sobre quién debería abandonar la casa más famosa de la TV, ¿no se expondrá a que se rían de él? ¿No le dirán que por haber apagado el televisor ha perdido la vista y que entonces ni siquiera vale la pena intentar el ascenso? Y si alguien ensayara liberarlos, ¿No le matarían?

– Con toda seguridad.

Escribir precisamente para intentar liberar de las cadenas de la ignorancia a los conciudadanos.

Publicado en CosadeSerranos.com.ar

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