El trabajo nunca mató a nadie, pero para qué intentarlo

¿Alguna vez te pusiste a pensar qué pasaría si te quedaras encerrado por más de 50 días en tu trabajo? Dicen que un nene en Chile le preguntó a su mamá: “¿cuándo vuelve papá del trabajo?”. Y ella, que es de las madres que prefiere ocultar la verdad le dijo: “Se quedó haciendo horas extras”.

Desde un primer momento, cuando se supo que existían posibilidades concretas de que los mineros chilenos sobrevivan hasta tanto se desarrollara el operativo rescate, el incidente no se convirtió en un reality. Más bien eran noticias esporádicas. Le faltó dramatismo diría un productor de TV, dramatismo que entró con todo en la etapa final. Así pasaban los días. Carrizo se quedaba estático en el arco y Caneo se la mandaba a guardar sobre la hora. Lunghi se convertía en candidato a gobernador por un lapso de 15 minutos. Nuevas hectáreas dejaban de cultivar papa y pasaban a la soja.

Mi abuela, una señora que bien podría pasarse las tardes en “Recolecta” tomando el té, me contó la crónica del rescate de los mineros chilenos. Para ella, como para otros, todo fue una novela más dentro de una televisión que hace todo por nosotros, que llegamos cansados a nuestras casas y no hay fuerzas para nada. La tele se emociona con música emotiva, aparecen risas grabadas que nos ahorran el trabajo de reír, los famosos sacan sus miserias para evitar pensar que somos los únicos miserables (sólo hay una diferencia económica). Mi abuela realmente estaba emocionada y su lectura era la misma que hicieron la mayoría de los medios. “Fue como sentarse a ver la transmisión de la llegada del hombre a la luna”, dijo ni bien se sentó a la mesa. “Duró un poquito más”, le dije yo. En el medio de la tensión real, las autoridades chilenas supieron que los ojos del mundo estaban puestos sobre su país y el que más lo supo interpretar fue su presidente Piñera. Un Gobierno que accedió al poder en el medio de una catástrofe, dejando atrás a una presidente con una imagen positiva de más del 60%, percibió que tenía que capitalizar a su favor el rescate de los mineros.

No hay que caer en el lugar común de que Chile está maldecido. Un terremoto no es lo mismo que lo que ocurrió en la ciudad de Copiapó. Allí se produjo un incidente que lejos está de ser una novedad. El trabajo en la minería es una condena. Condena a vivir bajo tierra la mayor parte del día sin poder apreciar el sol. Hombres que con el paso del tiempo tienen que convivir con la enfermedad del pulmón negro. Ellos son héroes para ellos y sus familias. Poner en riesgo la vida para extraer el mayor ingreso chileno (el cobre) y entregarlo a manos extrañas. Otro ejemplo de cómo se nos fue la mano al intentar conquistar la naturaleza.

¿Y vieron ese que tuvo que confesar que tenía un amante?”, largó nuevamente mi abuela. La transmisión tuvo destellos de color, que todos suponemos hubiesen sido mayores si Rial fuera chileno. Necesitamos de estas historias para poder seguir. Frases que se esclavizan (“Que esto nunca más vuelva a ocurrir”). En el barrio retumban expresiones: “si yo estuviese ahí ya había muerto de pánico”. Los mineros están acostumbrados al peligro extremo, a cómo sobrevivir bajo tierra. Es su lugar, el espacio que les da identidad y donde se reconocen como sujetos. Llevan años de tradición minera. No es como en las grandes urbes donde a veces nos pasamos dos años en cada trabajo.

Ya cargosa la abuela, me sorprendió al decir que la salida del primer minero tuvo más audiencia que el Mundial de Fútbol, cuestión que seguramente Blatter habrá tomado nota. Le pregunté que era lo que más la había sorprendido, y me dijo: “por suerte no tuvieron que comerse un pedazo de culo para sobrevivir”. Gracias abuela, con esa frase logró que el agua se me saliera por la nariz.

Fueron 70 días de encierro. El mundo preocupado por 33 mineros que no podían retornar a sus casas. Toda esta historia emotiva, el desfile de los mineros por la prensa, todo el show montado, posibles películas que vendrán, todo hará desviar la atención sobre el punto más importante: la forma del trabajo actual.

PD: Morgan Spurlock, protagonista del documental “Super Size Me” donde se pasa 30 días comiendo en Mac Donalds para demostrar los efectos, realiza para la cadena FX un programa similar. En uno de ello, pasa 30 días dentro de una mina. Pueden googlearlo, no tiene desperdicio.

Publicado en CosadeSerranos.com.ar

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