En los ascensores se habla de política y ya no del clima

Preferí no esperar. Escribir cuando las sensaciones están en caliente. Cuando ves a hombres de la cultura expresar sus emociones. No es viernes, que es generalmente cuando escribo. Es jueves y no pude aguantar. En esta columna no hay contenido político, hay una declaración. Y los que no la compartan podrán, como hasta ahora y como siempre, comentar la nota descalificándola.

(No era el momento para que te vayas).

Hoy aprendí muchas cosas. De esas que se aprenden de golpe. De un saque. Sin que nadie te mire y te diga: “prepárate que hoy vas a entender algo más”. Tengo apenas 26 años. “Hijos de la democracia”, como nos dicen. Y debe ser una de las primeras veces que lloro por un hecho político. Porque la política era un mundo desencantado. Hoy es sucio, sí. Pero también es mágico. Y eso volvió a ocurrir después del 2003.

Aprendí sobre una generación a la cual he empezado a amar con profundidad. Una camada de conocidos y desconocidos que viven y quieren reconocer la intensidad de sus propias emociones (se llama identidad y es necesaria encontrarla). Que viven (vivimos) en un registro totalmente distinto al de aquellos que hoy prefirieron la descalificación. Hoy, algo del dolor ha encontrado su sentido. Lágrimas que he desparramado hace ya varios años se llenaron de contenido. Porque por primera vez dejé de sentirme solo. Y eso es una de las cosas que aprendí hoy. Al carajo con la mierda de la generación Y, que dicen, vive despreocupada de todo.

(Tenías que avisarnos que te ibas a morir. Los seres queridos tienen que avisarte que se van. Aprendí la ingenuidad de mi deseo).

Aprendí que las cosas que me dan dolor y angustia, y que me provocan temores y ansiedades, son las mismas pulsiones que otros prefieren guardar y no sentir. Que prefieren no reconocer. Que nunca las vivirán. Y que lo más triste es que no se las puede enseñar ni transmitir. En mi caso, la aparición de la angustia, que aparece en hechos inexplicables, abrió mi corazón. Lo abrió para destrozarlo y hacerlo de nuevo. Ponerle otra madera. Otro color. Otra sintonía. Sí, eso aprendí. Que también hay otros que en este momento tienen odio, desprecio o menosprecian las expresiones. Están en otro registro. Van por otros deseos. Se comen el mundo. Pero les aseguro que se pierden de lo mejor. Tener dudas. Preguntarse a uno mismo. Llorar sin que uno lo desee. Es verdad, no todos quieren transitar ese camino. Mejor dame lo cómodo. Lo empaquetado. Dame el yoga y no me jodas más.

Hoy un periodista escribió: “era importante que Kirchner frente a esto tomara conciencia de ello para producir las modificaciones en su vida que le permitieran convivir con ese riesgo. Lamentablemente, eso no estaba en la forma de ser de Néstor Kirchner, por eso digo que lamentablemente a mí no me ha sorprendido”. Eso aprendí. El sacrificio. La pasión. La vida no tiene sentido si uno pasa por ella tratando de evitar los malestares y buscando siempre la comodidad. Esa que brindan los autos que hoy han tocado la bocina como un día de festejo. Aprendí que a la muerte no hay que esperarla, ni tampoco ir a buscarla. Solamente hay que usar el cuerpo para la que uno cree, para lo que uno siente. Y ella llegará, pero llegará con otro sentido. El sentido de la trascendencia. Hoy aprendí a dar breves respuestas a esa maldita pregunta existencial que te corroe el alma: ¿para qué carajo estamos?

(“A la universidad se va a estudiar”, dicen los enamorados del dinero. Lo que debiera existir es el servicio militante voluntario. “Política” dejó de ser una mala palabra y comenzó a ser una instancia. Hay que ensuciarse las manos para criticar).

“Cayó el riesgo país”, dijo otro periodista. Te estás perdiendo de la vida, querido. De sentir. ¿En qué estás pensando cuando tirás ese dato? Hoy aprendí que muchos adultos que han comenzado a ir al proctólogo a hacerse revisar por la próstata, no sienten nada. Aprendí lo hermoso del dolor, de lo que une el dolor. Siempre pensé que los días de tristeza eran momentos para estar en casa. Porque a nadie le gusta verte llorar. A la mierda. Mis ojos tristes se encontraron entre tanta multitud con otros ojos que también desprendían lágrimas. De chico iba a las plazas a jugar, hoy fui a la Plaza a crecer. A crecer sin dejar de jugar. A volver en el subte y escuchar murmullos, voces de gente que piensa y siente igual. Un subte que acostumbraba a llevarme al trabajo junto a hombres de traje que, sonrisa mediante soltaban: “cómo me la cogería a esta yegua”. Hoy aprendí que el problema no son los espacios, sino con quiénes los llenamos.

Aprendí que las generaciones de periodistas actuales han sido obnubiladas por los billetes. Billetes de papel a los cuales atribuimos valor en un intercambio mentiroso, pero que aceptamos como verdadero. Y aprendí que detrás de ellos viene algo interesante. No sé bien de que se trata, no lo puedo digerir, quizás nunca lo digiera. Pero hoy vi jóvenes entusiastas. Calor popular. Eso que nunca podrá sentir la derecha. Y que le envidia a la izquierda. Saben que están solos, saben que quienes los apoyan no se moverán a menos que exista un estacionamiento privado allá por Avenida de Mayo. Que preferirán quedarse en sus casas, en sus notebooks. Enviando mensajes de apoyo vía twitter (por eso un vicepresidente hoy no pudo ni pisar la Plaza). Haciéndose fans de grupos para apoyar medidas. Pero como me acaban de decir en un mensaje: “es el momento de poner el cuerpo”. Algo que nunca podrán hacer. Y eso es lo que aprendí hoy. Hoy me hice visible. Hoy miré a mí alrededor y vi amigos. Tendremos matices y diferencias, pero los que venimos atrás hemos comprendido que la política es el lugar de encuentro y de cambio. Donde está bárbara la pasión. Donde veremos si es por A o por B, pero donde todos queremos llegar a C.

Los jóvenes estamos hablando.

Publicado en CosadeSerranos.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>