Esa cosa llamada dólar

El dólar. ¿Estamos obsesionados con él? ¿Es verdad, como dicen entonces, que este sencillo pedazo de papel tiene más valor del que en realidad creemos? El domingo (pasado) por la noche, la mayoría de los programas políticos –que parecen haber encontrado su espacio dentro del culo televisivo- lanzaban profecías en relación a un posible lunes negro o verde, como le quieran llamar. Desfilaban consultores económicos que nos explicaban la triste verdad: nunca más íbamos vamos a poder comprar dólares. “¿Usted me está hablando en serio?”, preguntaba Majul. “No, si quiere le miento”, respondieron con ironía.

“Hubo poco movimiento en la city porteña, pero mucha confusión”, decían los diarios del día martes, día que viene después del lunes. Un lunes que al final no fue ni negro, ni verde. Es más, fue soleado. Es decepcionante descubrir que no somos importantes. Que valemos poco, incluso, mucho menos que el mismísimo billete estadounidense.

Existen, desde hace mucho tiempo, consultoras. Son hermosas. Tienen LCD´s colgados en la recepción. En ellos se ve C5N, porque tiene una estética muy moderna y minimalista. Combina con el color de las paredes. Sus periodistas están bien vestidos y tiene sonrisas soberbias, contundentes. Estas consultoras tienen oficinas. En ellas, siempre hay una sola persona. Uno no sabe bien qué hacen, pero algo hacen. Tienen una muy bonita recepcionista y una de sus oficinas sobresale del resto. Allí tenemos a él. El licenciado en economía. El que nos ayuda porque trabaja por el bien común. En general, las consultoras nacen apadrinadas por algún economista que pasó por la función pública y se llevó a algunos amigos. Siempre es bueno tener amigos aunque no sean un millón.

Estas consultoras cobran porque reciben consultas. Estas consultas, no las hacemos vos y yo. Las hacen otros. Nosotros nos sacamos las dudas con tipos como Marcelo Bonelli, que no nos cobran porque su servicio es gratuito. Es verdad que Marcelo Bonelli también tiene amigos. Como vos y yo. Y algunos de sus amigos, son estos economistas, que no son amigos tuyos ni míos, ni siquiera figuran como “contactos” en nuestro Facebook. Las consultas están orientadas a recomendar oportunidades de negocios, a analizar variables, crear modelos de negocio, pronosticar el futuro y decirnos dónde es mejor apostar. Pero no te dicen a vos y a mí donde apostar. Porque somos chicos. Los adultos no les cuentan las cosas a los chicos. Se las ocultan o les mienten.

Las consultoras, fundamentalmente, asesoran empresas. Esas que en la jerga serían grandes jugadores. Ellos no van a la city porteña a comprar dólares. Y a ellos sí les preocupa que no se permita comprar todos los dólares que ellos quisieran. Estas empresas, muchas, son multinacionales. Es decir, son filiales cuyos resultados económicos se miden en dólares porque deben enviar a casa matriz una cierta cantidad de billetes que se traduce en el “objetivo de este año”, el cual si se cumple, les garantiza el bonus a los gerentes.

El dólar siempre nos desveló. Es mucho más bonito que el peso. Es extranjero. Y lo usan allá, viste. En el “American Dream”. Pero si bien nos dicen a vos y a mí que tenemos que estar enojados, no somos nosotros los que perdemos. Porque no somos grandes jugadores. Nosotros no “fluctuamos” la moneda. No aumentamos la demanda de la divisa extranjera. Eso es tarea de los grandes jugadores. Jugadores a los que les gusta especular. Como a todos. Como vos y como yo. Nosotros especulamos quizás con otras cosas, por ejemplo, especulamos con que en nuestro trabajo nos depositan el doble del sueldo por error.

Vos y yo, deberíamos hablar de otras cosas. Deberíamos hablar de cómo se puede, contra la práctica cultural, pensar en nuevas y eficientes formas de ahorro. ¿Por qué? Porque los grandes jugadores no piensan en nosotros, a pesar de que leyendo por ahí podamos pensar que sí. ¿O lo somos?

Publicado en LaTandilura.com.ar

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