La trágica idea de bajarse de un micro

“¿Entendés de lo que te estoy hablando?”. El joven transpiraba sobre la ventanilla de la empresa de transporte de pasajeros “El Bajón”. La desesperación se le notaba a la distancia porque su cuerpo era una muestra espontánea de percusión. Del otro lado, una rubia interesante, de esas tres o cuatro rubias que aun están solas a las cuatro de la mañana en un boliche, lo miraba con cara de compasión.

Los miedos paralizan. Eso dicen. En realidad nos lo dicen a la madrugada cuando tenemos la guardia baja. Un hombre con cara simpática nos habla en portuñol por la pantalla de América TV. “Delhar atrais o malo y o negachivo. Preparaise pra iluminar nosso corpo. Si voce estai sufriendo, llamenois, estamos pra ayudarlo. Nao tema. Venga a o manto consagrado y pare de sufrir”. El miedo nos impone comportamientos erráticos como por ejemplo creer que hay solución y que esa solución la podemos encontrar preparando un vaso para que un pastor lo consagre a través de la pantalla.

El joven que transpiraba porque acababa de perder el micro que lo llevaba a su casa, hacía unos quince minutos que había bajado porque tenía ganas de hacer pis. El micro de la empresa “El Bajón” había parado para subir nuevos pasajeros de zona oeste que también iban para la misma ciudad que el joven. Tuvo la precaución de avisar al chofer. Éste le hizo un gesto de aprobación a pesar de que no lo había mirado a la cara.

Muchas veces exageramos tanto la situación de temor que terminamos por participar en el cosmos acomodando las piezas para que realmente ocurra lo inesperado (que no es otra cosa que lo que estábamos esperando). Si nos acostamos pensando que nos vamos a quedar dormidos, es probable que alguna vez suceda. De hecho, River se fue a la B. Pero no hay que olvidar que si hay miedo es porque todavía estamos vivos, por suerte.

El joven se subía la bragueta cuando vio como su micro estaba doblando por la salida de la estación. Lo inesperado se volvió esperado. Lo habían abandonado, acaso quizás uno de los sentimientos que más lo atormentaban. La desesperación lo llevó a correr. Salió y lo siguió por la calle interna que luego desembocaba en la autopista. Cuando vio que frenaba por obra del semáforo, disminuyó el trote. Error. El micro volvió a arrancar y apenas logró llegar hasta las últimas dos ventanillas del micro. Allí no estaba el chofer por lo que no pudo hacer mucho. En ese micro viajaba su hermana, que por casualidad iba en uno de los últimos asientos. Estaba dormida por eso no creyó mucho en la imagen de su hermano corriendo a la par. Además, ella sabía que no viajaban en el mismo micro.

Volvió hacia la estación mientras seguía corriendo. Fue a la ventanilla de venta de pasajes. El joven intentó explicar toda la situación. Repetía varias veces “entendés que el micro se fue y yo me quedé acá”. La rubia no comprendía. “Pero no puede ser”, le dijo ella.

-¡Cómo que no puede ser! Mirá, acá tengo el pasaje.
-Pero el micro que se acaba de ir es de la empresa “La Fiaca” y yo trabajo para la empresa “La Fiaca”. Tu pasaje dice: “El Bajón”.

El joven volvió a componer música de percusión con su cuerpo. Sus movimientos ya habían despertado el interés de un grupo de turistas brasileros que lo miraban con cierta gracia. Se dirigió a la ventanilla de la empresa “El Bajón”. El joven volvió a explicar toda la situación. Volvió a repetir: “entendés que el micro se fue y yo me quedé acá”. Esta vez, una morocha de rulos, le dijo: “Pero no puede ser”.

-¡Cómo que no puede ser! Mirá, acá tengo el pasaje.
-Tu pasaje dice “El Bajón” y es el micro que está atrás tuyo. Todavía no se fue. De hecho, te está esperando porque no te encontraban.

El joven respiró. Claro, el micro nunca se había ido. Los turistas extranjeros habían disfrutado de un show gratuito. A la noche, el joven tuvo sus dudas. Por eso sacó una libreta y tomó una lapicera. El pastor le ordenaba anotar en una lista los “diez síntomas más importantes”. Empezó por escribir “El párpado me titila” y luego se quedó dormido. A la mañana siguiente se despertó sin la alarma, tomó unos mates y llegó temprano a su trabajo.

Publicado en LaTandilura.com.ar

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