Naranja jugo

Extraño esa época donde todo era llanto. Y siempre había palabras. Algunas de ellas eran bravas, efectivas, plausibles de ser acusadas de gatillo fácil. Los ojos humedecidos, la identidad se disuelve y no hay nada. El cuerpo ha sido barrido por una escoba. Floto. Lo más pesado resulta la servilleta de papel con la que me seco la cara.

¿Dónde estás llanto? ¿En qué rincón de este cuerpo extraño te has escondido? Le dediqué cada una de las lágrimas a todo lo que hemos creado en este mundo. Incluso al cartero, que toca timbre y no llego a abrirle. Lo veo marchar y siento que me abandona. Se lleva lo que había para mí.

Me exprimí con deseo. Con pasión. Con la intensidad que podríamos dedicarle a una naranja, si alguien nos asegura que es la mejor naranja jugo del mundo. Estoy seco. Todo se concentra ahora en una palabra maldita, fea, como es el enojo. Nada se expulsa, todo parece retenido. Me sube la temperatura. ¿Será una extraña forma de menopausia masculina? ¿Así se crece?

Me duelen los ojos. Ojalá algún día vuelva a llorar.

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