¿Qué le pasó a Alcides?

Yo tengo pedos de tres días, no de seis horas. Se van todos a la puta que los parió.

A veces, la vida, tomada en su estado más transparente (que sería el de “nada es tan importante”), nos regala momentos hermosos para todos los que podemos reír, algo que hoy no sería tan fácil de lograr. La frase tiene un dueño reciente. Y es el icono de la música de bailanta, el hombre del pelo estacionado, Alcides, quien fuera sorprendido a través de un video casero, hoy convertido en una herramienta de fuego. En estado confuso, Alcides balbucea la evidente duración de su borrachera frente a una bailarina, que lo acompaña en el viaje en coche, y que hoy se ha bajado del taxi para subirse a los estudios de televisión.

La pregunta que parece estar golpeando nuestro imaginario es: Pero, ¿qué le pasó a Alcides? Y en realidad, a Alcides no le pasó nada. Porque si hay algo que nos ha enseñado el Kirchnerismo, es a tener una mirada disruptiva ante los símbolos del pasado, buscando en ellos nuevas explicaciones sobre sus condiciones de existencia. Entonces, se nos abre la puerta para volver a mirar a Alcides a la cara. Y ver qué nos cantaba, bajo ese tonito fresco y pegadizo que desparramaba la bailanta.

Llegó el momento histórico para revisar las letras de las canciones de Alcides. El contexto propicio para ver cómo eran las canciones que bailábamos, pero que pasábamos por alto. Con las defensas bajas. Y que penetraron en nuestro imaginario. Alcides está sobre una esquina, con el hombro apoyado sobre un grafiti que sentencia: guapos eran los de antes. Y allí, compone un hit, cuando ve pasar a las mujeres, en un claro estado de excitación:

Mira cómo se menea, como le gusta caminar. (“Violeta”)

Y automáticamente, Alcides nos advierte que no es una muchacha cualquiera, que ya la ha visto, la conoce.

Suavecito como la marea, su mirada te puede matar. (“Violeta”)

Cualquiera de nosotros advertiría allí el peligro, buscando quizás alejarnos ante la posibilidad del fin. Pero el cinismo de Alcides cobra vida.

No la dejes ir, no la dejes ir. ¿Por qué? ¡Te lo digo yo! (“Violeta”)

Caprichoso como estaba. Dejando nacer a su versión más infantil, Alcides nos corre a un costado de la escena para gritarle directamente a su chica, en un claro contorneo baboso.

Yo quiero que tú vengas, a bailar morena. Por las malas, o por las buenas. (“Por las malas o por las buenas”)

¿Y era la belleza de esa chica lo que atraía a Alcides? Parece que no. Parece que Alcides ya había conocido las bondades del movimiento Flower Power, que hizo explosión a finales de la década del ´60.

Me gusta tu boquita, sabe a hierba buena. (“Por las malas o por las buenas”)

A Hierba buena, sí, claro. Así vemos la forma que va adquiriendo la poesía en Alcides. Metáforas que más bien eran cantos directos a la obscenidad.  Y a pesar del asco que no podría generar, dibujamos en esa misma esquina, a un Alcides agarrándose su miembro, mientras canta:

Todas las muchachas, suspiran al verlo. Todas se alborotan, por bailar con él. Una por una, las baila el muñeco. Todas juntas, las baila el muñeco. Son felices, bailando con él. Y se ponen tristes, cuando no lo ven. (“El muñeco”)

Finalmente, la conclusión sobre las canciones de Alcides alcanza su propia madurez. Alcides, en su versión más desaforada, canta directo al mentón:

Como un lobo en celo. Yo te imaginaba. Como un lobo en celo. Mientras tú bailabas. (“Como un lobo en celo”)

La mesa está servida. Sólo queda esperar que 678 se ocupe de echar luz sobre el pasado oscuro de uno de los máximos líderes del movimiento tropical. Hasta acá, nuestro aporte.

Publicado en FM NITRO TANDIL.

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