Quién nos habla

Amigas/os”. Con ese encabezado, un abogado feliz por la depuración de la Corte Suprema realizada por el kirchnerismo, inicia el mail donde nos invita a festejar su cumpleaños. Pero aclara: “no hagan caso al exordio, es pura mezcla de retórica K”. No es una observación menor. La retórica K está tan metida en nuestra manera de relacionarnos que incluso muchas mujeres prefieren hablar de sus maridos como si éstos estuviesen muertos. O es lo que quisieran.

Hay peleas que son -a esta altura- burdas o de poco estilo. La bofetada, por ejemplo, se dejó de aplicar en pos de un intercambio moderno y acolchonado a las nuevas tecnologías: breves, menos intensas y que por lo general tienen una extensión de 140 caracteres. La anarquía del cuerpo se dejó de lado y ahora todo es más medido y conservador. Muchos, incluso, sólo llegan a pelearse a través de asesores o agentes de prensa. Que te acomoden la mandíbula ya no está bien visto, y por esa razón, tipos como Aníbal Fernández y Mauricio Macri se cruzan en declaraciones que “elevan los niveles de crispación”. En cualquier otra época ya se hubiesen dado una buena murra.

Cuando se accede al poder -si es que el poder es esa cosa que está ahí esperando a ser ocupado- una de las primeras peleas se da en el lenguaje. El discurso se convierte en el lugar donde podemos ir a buscar la interpretación del mundo. Allí se define, en una disputa de poder, qué significa cada cosa (es verdad que no es el único lugar exclusivo donde se nos explica la realidad, ya que siempre vamos a poder sintonizar la FM 103.5 y escuchar la prédica de Ari Paluch). En la oratoria, el cuerpo sólo actúa como soporte que ejecuta una inexplicable combinación de fonemas para dar vida a un relato que nos incluye y nos obliga a definir nuestro lugar. En estos caso, la habilidad juega un rol importante y la clave es desacreditar a nuestro competidor, aun si no estamos yendo con la verdad:

-No te digo que este gobierno lo único que hace es incentivar a los vagos.

-Andá, qué decís vo´ si hace años cobrás una pensión por accidente.

-Escuchame culiado -porque parece que estas discusiones se daban mayormente en la ciudad de Córdoba- no me hagás hablar que vo´ fuiste cómplice de la última dictadura militar.

En 1996, para fortuna de los investigadores sociales que no encuentran ejemplos prácticos para poder fundamentar sus teorías, pudimos asistir a la muerte de la retórica menemista -si es que había alguna-. “Esas naves espaciales van a salir de la atmósfera, van a remontar a la estratósfera y desde ahí se podrá elegir el lugar donde se quieran ir, de tal forma que en una hora y media podamos desde Argentina, estar en Japón, en Corea o en cualquier parte”. Los semiólogos de la Universidad de San Andrés no tuvieron más alternativa que volver a sus institutos a seguir elaborando teorías sobre experiencias inmateriales. Y los alumnos, que ese día accedieron a una clase de geografía gratuita en el inicio de su ciclo lectivo, volvieron a sus casas para preguntar a sus padres si era real que cavando un pozo se podía caer directamente en Japón. “La educación es la base del desarrollo”, decían los sobres de azúcar Ledesma…

El kirchnerismo supo leer muy bien esta cuestión. El debate político -que no es aquel que nos lleva a pensar sobre una nueva corriente de economistas rockeros- se empezó a cerrar en dos posturas: adentro o afuera. Cuando se suponía que lo mejor era acabar afuera, el kirchnerismo nos hizo pensar que quizás era mejor estar adentro. Ser parte del mágico mundo del “para todos”.

Para tristeza de los grandes miedos de comunicación, las elecciones primarias acomodaron las mandíbulas de todo el arco opositor. Y si el mundo sigue girando igual -porque hay rumores de que el gobierno chileno pediría a la ONU girar para el otro lado y acabar con la yeta- la retórica K seguirá creciendo. Nuevos espacios serán resignificados a fin de aniquilar al gorilismo. Dicen los que saben que la revista “Gente” pasará a llamarse “Nuestra gente”, y en ella desfilarán las historias de los nuevos protagonistas del movimiento obrero: los empleados de la ANSES

Publicado en LaTandilura.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>