Randazzo: “La formación del Tren de las Oportunidades no será renovada”

Es la hora del Mitre y el Sarmiento”. La frase no es una declaración vulgar del “Tolo” Gallego (técnico de Independiente) buscando promover a la Primera División del Fútbol Argentino a los juveniles Mitre y Sarmiento, aunque bien podría serlo por la altura del año en la que estamos. Más bien se trata del último anuncio del Gobierno Nacional en materia de transporte. Luego de anunciar que se reemplazarán las unidades rodantes de ambas vías de ferrocarril, Randazzo sostuvo lo que era un rumor a viva voz: “la formación del Tren de las Oportunidades (TO) no está contemplada dentro del plan nacional de recuperación del ferrocarril”.

La expresión habla por sí sola: “Bien dicen que el Tren de las Oportunidades pasa una sola vez”.

Pareciera ser que todavía no es el turno de renovar la formación del Tren de las Oportunidades, a pesar de que podemos imaginar que su estado debe ser calamitoso por los años que lleva recorriendo el mundo. Hablamos de una sola formación que pasa por única vez en cada estación, tejiendo un recorrido desconocido y un final abierto. A pesar de ser una única formación, el Gobierno Nacional la ha obviado. Y ni siquiera la mencionó en su plan de obras públicas. Así es como el Tren de las Oportunidades, también es el Tren del Olvido.

Nadie lo ha visto en realidad. Nadie puede confirmar su estado. Nadie sabe muy bien quién lo maneja, si es que alguien ha decidido entregar su vida a una causa superior como es llevar las riendas del Tren de las Oportunidades de las personas, ese que pasa una sola vez en la vida (me siguen resultando más atrapantes los héroes de Hollywood que entregan su vida para destruir un meteorito que acabaría con la vida tal como la conocemos). Nadie sabe si hay que soterrar un paso a nivel. Si es necesario otorgar la personería jurídica al conductor de la formación. Si se trata de una fantasía de Moyano para sostener la importancia del camión en el transporte de mercaderías.

Pero seamos más necios. ¿Cómo pueden pretender –por ejemplo nuestros padres o un empresario local– que sepamos cuándo es exactamente que pasa ese Tren si ni siquiera sabemos en qué boletería podemos comprar nuestros pasaje? ¿Es en el Bar Firpo acaso? Comienzo a sospechar de la verdadera trampa del Tren de las Oportunidades: la idea es que nadie se entere cuándo pasa. Pero pasa. Así dicen.

Con la supuesta revolución en el transporte anunciada por Randazzo, el contexto resulta una buena oportunidad para dar el debate y sancionar –quizás– una Ley de Optimización del Recorrido del Tren de las Oportunidades (Ley ORTO), una ley que permita anticipar cuándo y dónde va a pasar el tren. El cambio sería tan profundo que la felicidad podría ser un objetivo más cercano e incluso válido. ¿Imagínense una sociedad dispuesta a abrir sus ojos para tomar su Tren de las Oportunidades? Es verdad, continuaría pasando una sola vez, pero iría repleto. Un Tren lleno de entusiastas y expectantes, porque todos sabríamos que se trata de un único viaje. De nuestro Viaje. El destino. El para qué vinimos al mundo. El designio. Y hasta quizás, la existencia de Dios. Habría mucha confusión, es verdad.

La duda (la que mata. Ya nos ocuparemos de saber cuál es la patología de la duda que la lleva a matar) es que si todos hiciésemos lo que el Tren de las Oportunidades nos exige (esto es: esperar que pase y subirse sí o sí), ¿no sería entonces un régimen totalitario? ¿Dónde quedaría la democracia? ¿Por qué la oportunidad viaja en tren y no en micro? ¿Si lleva las oportunidades de cada uno de nosotros, cómo las identifica para saber cuál es de quién? ¿Hay que hacer check in? Si supiésemos el recorrido, ¿podrían nuestros padres alcanzarlo en el auto y tirarnos desde él al grito de: “vamos hijo, que no se te pierda el tren como le pasó a tu hermano”? En el Tren de las Oportunidades, ¿están todas estas respuestas? Maldición, qué compleja es la vida.

Acá –finalmente– encontramos la verdad. El Tren de las Oportunidades no es otra cosa que un verdadero nido de corrupción. Lo que nadie se atreve a decir es que hay reventa de pasajes. Hay asientos comprados a través de bonos anuales de contribución. Hay pasajeros que se los ha visto subir varias veces porque saben que no hay control de boletos (y han entendido que las oportunidades son una canallada). Hay personajes ilustres que viajan con medio torso fuera de la ventana. Y hasta periodistas buscando escribir la mejor crónica de su vida.

Podría continuar profundizando acerca de las implicancias –en el Orden Mundial– de la trama oculta detrás del Tren de las Oportunidades, pero me dicen por Twitter que hay uno que está por pasar cerca del Dique, aunque ya algunos denuncian que alguien muy conocido compró casi todos los boletos. Majul, ¡teléfono!

Publicado en LaTandilura.com.ar

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