Se caía de maduro (un cuento de ¿fútbol?)

 A Retiro, por favor.

Cerré la puerta con demasiada fuerza y el ruido hizo que el taxista pose su mirada sobre mis ojos. No resultó una mirada inquisidora, era un tipo grande y tenía un rostro agotado. Me provocó más ternura que miedo. Se dio vuelta, prendió el taxímetro y arrancó. Con todo.

– ¡Qué frío, por favor!

– Sí, terrible.

– Es porque hay una ola polar. En todo el país.

– Sí.

– Si tenés un tío, pedile el poncho. Está para poncho. O le decís a tu abuelo que te de esos sacos de antes, que cubrían bien el frío, ¿no? ¿viste?, esos de antes. Esos sí que te protegían del frío. Terrible está.

Me miraba por el espejo retrovisor esperando algún tipo de gesto. Siempre fui de intentar acompañar la charla, pero ya me cansé. Y además comprobé que no existe diferencia entre ser cordial y mostrar disgusto. No lo perciben. Siguen hablando.

– Y en tu casa, te ponés esos calzoncillos largos, ¿eh? ¿no?, bien apretaditos así la cama no está fría. Igual, frío, frío era el de antes.
Vio que el frío no me entusiasmaba.

– ¿Y? ¿qué me decís de la Selección? ¿Un fracaso, no?

– No sé si fracaso… -me interrumpió antes de que pudiera formular un concepto entorno al desempeño de la selección de Maradona en el último mundial de fútbol.

– Fracaso total. De entrenamiento nada. Vos fijate que el lunes entrenó a la mañana y a la tarde le dio todo libre. Ese partido con Alemania, uno o dos días antes permitió que vayan todas las mujeres. Cogieron hasta más no poder. ¿Entrenamiento? No, nunca. No se cansan los muchachos eh, tienen que estar livianitos…

Volvió a mirarme por el retrovisor y me pescó observando a una señorita que llevaba botas por encima del Jean.

– Sí, que se saquen toda la leche, toda la leche. Los tipos tienen que estar livianos -se echó a reír- por favor… Corrían perdidos. Porque tuvimos a los once perdidos, hasta el arquero. Una pelota que la podía haber sacado…hasta el arquero estaba “pajerizado”. También tiene una novia el arquero este (hacía referencia a la modelo Eliana Guercio, y en eso coincido, la tipa está muy buena). Guecio, Guercio, la modelo…qué querés, la agarró el negro este con el hambre…Y Demichelis se hacía problemas con la petisita, que venía, que no venía…

Hizo una pausa de quince segundos. Por fin parecía que se estaba quedando sin temas o no se acordaba el apellido de ningún otro jugador.

– Esa, la novia de Forlán, es Argentina. Lo fue a ver, viste. Media hora, nada más le dijo. Él está trabajando, entrenamiento. Le dijo así, el profesor (entiendo que se refería al “maestro” Tabarez). Media hora o veinte minutos y chau. Y más bien, si es un trabajo. Y miralo a Uruguay, no tenían a nadie. Lo armó con todos esos matungos y jugaba y…mirá a Alemania, cagando le ganó. ¿Eh?

Creyó que yo había emitido una respuesta, más bien estaba balbuceando.

– Esa que pegó en el travesaño si llega a entrar, chau. Y el arquero no tuvo manos el arquero, es buen arquero pero no tiene manos (acá pensé: “otra vez con Romero”, pero no, parece que hablaba del de Uruguay. Y yo que estaba juzgando que el tipo tenía Alzheimer).

El sonido de una ambulancia interrumpió su monólogo. Y a los pocos segundos, retomó en otra parte.

– Otamendi, pobre, estuvo a los hachazos. Ese Mascherano que dicen es un fenómeno, otro invento argentino. Podía haber llevado a…Cambiasso. Porque es un 5, viste. Corre, tiene preparación. Al otro veterano también, cómo es el otro veterano, tiene partidos internacionales, que sabe, Zanetti.
En ese momento no pude resistir la tentación de tirarle un centro.

– Y lleva a Garcé en cambio -sentí que estaba lanzando una granada en un monoambiente.

– ¿Eh?

– Que lo lleva a Garcé

– A Garcé, un invitado de lujo. Está jugando en Colón para colgar los botines, para robar.

Hizo una pausa para poner cuarta.

– En la historia Bolivia jamás ganó un partido así. Se le ganaba 2 a 1 o 1 a 0, pero difícil. A este le metieron seis. 6 a 1, 6 a 0, ¿cómo fue? Nos goleó. Esta vez no jugaron a nada tampoco. Ese muchacho como número 10, como jugador, era de diez, pero como técnico no. El era mejor jugador que técnico.

No sé por qué, pero me dieron ganas de que siguiera hablando, pero tenía que guiarlo un poco.

– Hay que ver por qué eligieron a Maradona -le tiré.

– Todo política. Todo es Grondona viste, lo tenían podrido. Y los Kirchner también hacen política, que esto, aquello, lo otro, y la otra yegua. Por favor, así estamos en la Argentina. Desde el año 90 que no podemos llegar a una final. ¿Bielsa? Uh Bielsa, se tragó toda la eliminatoria, todo. Cuando fue allá, después de tres partidos, a casa. No tenía wines. Todos centros para Batistuta. Nunca, hace años que el fútbol argentino no tiene ni un 3, ni un 4. Y no juega con wines. ¿Eh? Abriendo la cancha. Este muchachito más o menos, este María…

– Di María -no sé cómo venía prestando atención.

– Ese pintaba algo de wing viste, por lo menos tiraba los centros. Pero después no tenemos wines. Los alemanes no eran nada del otro mundo. Pero corrían y atacaban en bloque. El único partido de la selección Argentina que lo vi bien fue en la eliminatoria, que jugó más o menos con un buen planteo, contra Uruguay. Pero ahí no dirigió Maradona, lo dirigió Bilardo, de atrás, ¿no sé si vos te acordás? Que Argentina le ganó a Uruguay

– Sí.

– Lo planificó bien. Los uruguayos no pudieron hacer nada. Bien planificado, porque le puso ocho torres atrás y lo cagó. Y le jugó de contragolpe. Y podría haber hecho 2 o 3 goles. El único partido de la eliminatoria que lo vi bien. Pero lo vi a Bilardo que estaba ahí en el túnel dando indicaciones. Y ahí se enojó Maradona -volvió a reírse- Si lo dirigía Bilardo ese partido no lo pierde. No hay que ilusionarse con nada, se caía de maduro que iba a pasar.

Publicado en FROYD.com.ar

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